Volcán Osorno
El Volcán Osorno es el gran símbolo de Ensenada: su cono casi perfecto, cubierto de nieve y glaciares, domina el paisaje desde la orilla del lago Llanquihue. Con 2.652 metros de altura es un estratovolcán todavía activo, y su forma simétrica es tan reconocible que suele compararse con el monte Fuji de Japón. Curiosamente, su nombre no es mapudungun: lo tomó de la ciudad de Osorno, bautizada así por los españoles en honor a un antiguo título nobiliario, el condado de Osorno.
En la noche del 19 de enero de 1835, la tripulación del HMS Beagle —con el joven Charles Darwin a bordo— vio desde Chiloé su última gran erupción. Darwin describió cómo, entre rojas llamas, el volcán lanzaba al aire objetos incandescentes con un brillo capaz de iluminar el mar. Aquella erupción fue fisural: el magma no brotó por el cráter de la cumbre, sino por grietas y conos parásitos abiertos en los flancos, algo característico del Osorno.
Hoy el Osorno es un gran destino de montaña. En sus faldas, a unos 1.160 metros, están el centro de esquí y el Refugio Teski, final del camino vehicular y base para subir el volcán o simplemente disfrutar la vista del lago; funcionan tanto en invierno como en verano.
Subir a la cumbre, en cambio, no es una excursión cualquiera: exige equipo, guía acreditado y experiencia. Su glaciar esconde profundas grietas y, a lo largo de los años, varias personas han muerto al caer en ellas o resbalar en el hielo. Por eso CONAF restringe el acceso a la cima en ciertas épocas.
Quien no sube a la cumbre puede rodear el volcán a pie por dos senderos hermosos: El Solitario, que recorre su cara sur entre el camino al centro de esquí y el lago Todos los Santos, y el Paso Desolación, un antiguo sendero de arrieros por la cara norte, con vistas al Tronador, al Osorno y a los lagos.
Imagen: Jorge Morales Piderit · CC BY-SA 4.0